
Pocas palabras se necesitan para describir a este templo de la gastronomía. Un local de toda la vida, escondido en una callejuela y cerca de la Basílica de la Mercè. Ya lo dicen ellos en la pizarra del menú, sin temor a la réplica: riquísimo. Si no hace falta decir nada más. ¿Y las raciones?Pues generosas y contundentes. Guardad bien el secreto, que no se enteren los visitantes de otros lares de la existencia del Bidasoa.