domingo, 31 de agosto de 2008

David Martín vivía aquí





Este mes de agosto prácticamente no he estado en Barcelona. Mi espacio vacacional lo he repartido entre el Baix Empordà y una idílica isla griega. Pero durante esos días un libro me ha transportado a la Barcelona de los años 20. Estoy hablando del muy recomendable "El Juego del Ángel", de Carlos Ruiz Zafón. Sin ser un libro histórico, hay numerosas referencias a barrios, calles y locales de la época que hacen muy reconocible esa Barcelona a los ojos de un barcelonés del siglo XXI, ya que algunas de esas reseñas hoy siguen vivas en la ciudad. Como muestra, la casa del protagonista de la novela en el barrio del Born, en la calle Flassaders, 30 ("Empecé por consultar la sección que recogía el proceso de alquiler por mi parte del inmueble ubicado en el número 30 de la calle Flassaders". página 320).

Actualmente, en el carrer dels Flassaders hay un número 30-32 y un 30 bis, en cuyos bajos reside La Báscula, un estupendo restaurante vegetariano. Lo cierto es que la descripción que se hace del edificio en el libro no concuerda con la realidad. Pero ya se sabe que una ciudad cambia y se renueva. Y mucho más en la imaginación de un escritor.


3 comentarios:

Claris dijo...

Barcelona de mis amores, siento confesarte que estas vacaciones no te he echado nada de menos, no quería volver. Sí, ya sé que no eres tú la culpable sino lo que habita en ti, pero cada vez me cuesta más.
Ya que va de libros, un descubrimiento sobre tu cara bonita. Dos libros de la editorial Taschen (una de mis favoritas): "Barcelona, Hotels & More" y "Barcelona, Shops & More". Las fotos buenísimas. Puedes verlos en la web de la editorial y verás qué guapa sales, BCN.

Luser G. dijo...

"El juego del ángel"... menudo blufff...

Adjunto texto de carta que envié a El Periódico y que, por supuesto y como imaginaba siendo parte del mismo grupo econòmico que la editorial, jamás publicaron:

"A veces picamos. Nos dejamos arrastrar por la ola mediática. Y compramos –o nos hacemos regalar- “El juego del ángel”. Y, no me sorprende, la primera opinión que se forma una vez leído es “dinero tirado”. Era de esperar. Si “La sombra del viento” era una novela entretenida construida sobre un andamio bien ajustado y con cierta originalidad en su desarrollo, que se convirtió en un sorprendente fenómeno de masas (si se puede llamar masa al número de lectores de nuestra sociedad), una continuación apresurada para aprovechar el tirón se arriesgaba a ser lo que es “El juego del ángel”: una repetición menor de la jugada, un texto sin peso repleto de espacios vacíos, de diálogos insípidos y reiterativos –y con más de un anacronismo-, elástico (por lo que se alarga artificialmente) e insuficientemente detallado que, además, queda al servicio de una trama de apariencia folletinesca y trastienda igualmente folletinesca. Suelo desconfiar de tanta unanimidad de criterio en la crítica literaria, pero como a nadie le amarga un buen rato piqué voluntariamente. El buen rato lo he pasado, nadie negará que es de fácil lectura. Pero esperaba mucho más, incluso para lo que se le debe pedir a un best-seller de calidad. Al menos agradezco algo a Ruiz Safón: que quizás me ayude a convertirme en escritor, quién sabe. Siempre he sido de redacción fluida pero mi respeto por la literatura me había refrenado. Pensaba que para ser un novelista reconocido había que disponer de talento, disciplina, vivencias, capacidad de investigación, originalidad, imaginación, musicalidad léxica y estilo propio. Ahora he descubierto, con cierta pena, que es sólo cuestión de ponerse a ello. Así que me pondré a ello. Me doy un año, como Andreas Corelli a David Martín. Si no salgo adelante, y con voluntad de ser honesto, volveré a escribir una carta a Ruiz Safón reconociendo mi error y con él, su trabajo"

Así que por mí David Martín como si vivía en el antiguo Frenopático de Montjuich...

Ah, por supuesto, al no haber sido publicada, quedo automáticamente eximido de mi compromiso... ;0)

Jaume Solé dijo...

Amigo Luser:

Empiece usted por escribir correctamente el apellido del escritor. Zafón, no Safón. Pero igualmente, muy acertada su reflexión.